No hay día en que Ricky Rubio no sea noticia. Maravilla al mundo. Es la perla más codiciada por los ojeadores de la NBA y una de las sensaciones mediáticas para la prensa de todo el mundo. Su madurez y sus estupendas dotes para dirigir al equipo en cualquier circunstancia, saliendo en el quinteto titular o en los minutos más críticos, no quedan ensombrecidas por su floja estadística en el tiro: ocho canastas de 29 intentos ante de disputar la final. Tras la lesión de José Manuel Calderón, su concurso ha adquirido si cabe una relevancia todavía mayor. El ajetreo de la competición ha dejado en segundo plano un dato relevante, un nuevo récord del chaval que cumplirá 18 años el 21 de octubre. Ningún jugador de baloncesto había alcanzado una medalla en los Juegos a su edad.
El anterior récord lo ostentaba Vladimir Tatchenko, el gigante de 2,20 metros que en Montreal 1976 logró la medalla de bronce con la selección de la URSS a la edad de 18 años y 311 días. El récord de precocidad entre los jugadores que han ganado la medalla de oro lo tiene Spencer Haywood: con el equipo estadounidense en los Juegos de México 1968 cuando tenía 19 años y 186 días.
Ricky no pierde la compostura ni en la pista ante sus rivales -algunos, como Jason Kidd, de 35 años, le doblan la edad- ni fuera de ella cuando atiende a los periodistas de medio mundo. “Los partidos en unos Juegos se disfrutan igual con 17 que con 27 años”, afirma; “hace cuatro meses, no sabía siquiera si iba a estar en la selección y ahora resulta que hemos llegado hasta el máximo”. El jugador de El Masnou causó sensación hace tres años cuando Aíto García Reneses, entonces entrenador del DKV Joventut, le dio la alternativa y se convirtió en el más joven en debutar en la ACB: 14 años y 11 meses.
Destacó igualmente con las selecciones españolas en diferentes categorías y especialmente recordada es su colosal actuación en la final del Europeo cadete en 2006, que España ganó a Rusia por 110-106 tras dos prórrogas. Rubio anotó 51 puntos, capturó 24 rebotes, repartió 12 asistencias y 7 balones recuperados. Mientras tanto, la selección absoluta enfilaba su primer título mundial en Japón.
Continuó progresando, se convirtió en uno de los pilares del equipo badalonés y ahora está afianzando a pasos agigantados su importancia en la mejor selección que ha tenido el baloncesto español. En Pekín, todas las miradas se fijan en él. Es el futuro del baloncesto español y, casi con absoluta seguridad, antes o después, de alguna de las franquicias de la NBA que van tras él.
Robert Álvarez
ElPaís.com


















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“Es tan joven, me impresiona”, dice nada menos que 
