ricky rubioCumplirá 18 años el próximo 21 de octubre y trata de ir al instituto cada dí­a. Hace dos años tení­a pósters de Pau Gasol y posiblemente ahora aún le atraiga alguno de Kobe Bryant. Jugaba en los júniors de la Penya cuando aún era cadete y todos decí­an que era muy bueno. Evidentemente que lo era, pero nadie podí­a imaginar su progresión. El jugador más joven en debutar en la Liga ACB, el tercero más joven en entrar en la selección absoluta… y titular del equipo campeón del mundo en la final olí­mpica.

“Estoy viviendo una experiencia apasionante”. Y lo decí­a antes de comenzar, cuando no era fácil adivinar el papel de protagonista que le esperaba. Tan protagonista que acabó jugando 32 minutos en el partido decisivo, dirigiendo como un veterano y hasta encarándose con los árbitros –lo que le costó una técnica a 26 segundos del final– como un veterano. Ricky Rubio se va de los Juegos con otra marca en su poder: ya es el medallista olí­mpico más joven en competiciones masculinas.

Seguro que a Ricky le parecerí­a imposible incluso hace unos meses pensar que iba a jugar casi 30 minutos de la final olí­mpica y se iba a encarar con jugadores como Bryant, Wade, con el que tuvo un par de altercados y con Paul, que hasta hora sólo estaban en sus carpetas del colegio en forma de fotos.

Pero, ¿hasta dónde puede llegar este jugador de 17 años que ha conseguido lo que ha logrado Ricky? “No me importa jugármela con él porque lo he hecho toda la temporada y es un jugador muy adulto”, opina Aí­to, el técnico que le ha dado toda la confianza en el DKV Joventut y, después, en la selección. “Habrá que seguir su evolución porque puede ser la hostia”, dijo antes de la semifinal Sarunas Jasikevicius con su acostumbrada claridad. Incluso el veterano Jason Kidd, el estadounidense que trató de controlarlo inicialmente en la final, lo elogió: “¿Es tan joven como se dice? Pues tiene un formidable porvenir”, dijo el base.

Un porvenir que, por el momento, pasa por Badalona. Ricky Rubio continuará un año más en el DKV Joventut aunque algunos analistas estadounidenses ya lo sitúan como número 1 del draft del 2010. Con contrato ridí­culo para su ya ganada categorí­a, Ricky tendrá todas las puertas abiertas. Sólo deberá decidir lo que mejor le convenga. Y lo hará bien. Como lo hace siempre en la pista.

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