Reportaje sobre Ricky Rubio publicado por el diario El Mundo en el año 2006

ricky rubio, nbaSu nombre es Ricky Rubio: 16 años, 1,94 m, 78 kg. Según las publicaciones más importantes de baloncesto, es ya una estrella que –sin duda– jugará en la mejor liga del mundo. Debutó como profesional a los 14 años con el Joventut, récord absoluto de la historia de la ACB. Tiene una cláusula de rescisión de varios millones de euros. í‰sta es su primera entrevista.

Tres segundos para el final. Rusia anota un triple. España pierde el tí­tulo europeo categorí­a cadetes. Ricky Rubio –el jugador más joven de la Historia en debutar en la ACB– recibe el balón. Se mueve como una gacela que escapa de sus cazadores. Mientras corre, mira el aro. Dos segundos, uno… Está a pocos centí­metros de superar la lí­nea del medio campo. Dos marcadores lo acechan. Lanza desde ese lugar. Sus perseguidores saltan con él. Imposible. Canasta. La derrota era inminente. í‰ste es el momento exacto en que el niño prodigio se convierte en héroe. Su nombre se escucha en el pabellón como un bramido.

Ricky Rubio recuerda ese instante mientras descansa de su entrenamiento con la selección sub-18 en el Madrid Arena. Lo ve como la prehistoria de su vida. En esos ojos que destellan como jade, se percibe la inocencia del niño que aún es y el guerrero que aún tiene batallas por ganar.

Esa canasta permitió la victoria de España en el campeonato. Mientras la selección de mayores iba camino de consagrarse como la mejor del mundo en Japón 2006, Ricky Rubio le robaba unos minutos de televisión en telediarios y programas especializados de todo el planeta. Lo que hizo en esa final resultó increí­ble: 51 puntos, 24 rebotes, 12 asistencias y 7 robos de balón. Estadí­sticas de estrella de la NBA.

«Sólo cogí­ la pelota. Corrí­ lo más rápido que pude. Miré el reloj. Ví­ a los dos que me perseguí­an. Pensé que habí­a una mí­nima posibilidad. Muy pequeña. Era dí­ficil. Muy dí­ficil. Pero lo hice porque confiaban en mí­. Y entró. Pude no haber tenido éxito, pero pasó». En ese campeonato, jugado en Linares (Jaen) el año pasado, fue nombrado el jugador más valioso del torneo. Asimismo, consiguió ser el máximo anotador, el mejor reboteador, el que dio más asistencias…

ricky rubio, nba, jordanSus resultados han hecho crecer su leyenda. «Mis números a mí­ no me importan. Si puedo cambiarlos para que mis compañeros consigan la victoria, aunque yo sólo anote un par de puntos, lo haré. El trabajo de equipo es lo más importante». Nadie se queja de su labor. Nada tiene de divo. Sus compañeros de generación en la Selección y los del Joventut lo describen en tres palabras: generosidad, trabajo y compañerismo. «Ricky es increí­ble. Cada partido acaba con unas estadí­sticas surrealistas», señala Pau Gasol cuando le preguntan por él, por su probable sucesor en el imaginario colectivo. Gasol es el máximo í­dolo español de Ricky. Pero el niño duerme soñando con Jordan y su magia. Con los mates inverosí­miles de Air, el hombre que volaba.

Le es dí­ficil mantener la mirada fija en un solo lugar. Desplaza sus pupilas como dibujando el campo. Sus compañeros le hacen muecas, se rí­en con él. Dí­as antes de un nuevo torneo, la prensa deportiva del Europeo Sub-18 (hoy es la final) sólo le sigue a él. Al niño que ha conseguido ser el jugador revelación de la última temporada de la ACB y de la Euroliga.


ricky rubio, nba«¡Ricky!, ¡Ricky!», chilla un fan de 12 años. Le firma un autógrafo con plena naturalidad, a pesar de sólo tener cuatro años más que él. No parece tener 16, ni por sus respuestas, ni por su fí­sico. Mide 1,94 m, pesa 78 kg. La barba le comienza a aparecer intermitentemente por el rostro. Tiene una nariz aguileña, que le da personalidad. Sus brazos son larguí­simos: si los extiende, desde la punta de la mano izquierda hasta la punta de la mano derecha hay interminables 216 cm. Manosea esporádicamente su pelo. «A veces me canso de que me pregunten por mi futuro. Disfruto el hoy. Pienso en mis compañeros, en que haré todo para que ganemos. Mi filosofí­a es que yo aprendo de ellos y con ellos», dice Ricky.

Buen compañero. Se une a sus amigos en el centro del campo. Con sus brazos unidos por la palma de las manos forman una espiral de extremidades. «¡España!», gritan furibundos, reafirmando lo que son. Otra generación con ansias de victoria. Se separan y se secan con las toallas. Beben agua a sorbos de litro.

La estela de lo que ha conseguido hasta hoy –y sus explosivas cifras– lo han convertido en un fenómeno imparable: la revista norteamericana Slam, la «biblia» del baloncesto, citando a especialistas de la mejor liga del mundo, lo ha nombrado «el mejor jugador del planeta que no está en la NBA». Lo comparan con «Magic» Johnson, Tony Kukoc, Drazen Petrovic y Steve Nash. Tiene 52.000 entradas en google. Cientos de ví­deos en la Red. Entradas en wikipedia en ocho idiomas. Spanish big star is born!, se dice en América.

ricky rubio, nbaOtra jugada milagrosa en el mismo partido con Rusia. Ricky Rubio cogió la pelota. Necesitaba segundos. El tiempo es inclemente en este deporte. Estrelló la pelota contra su pecho. Mientras ella no fuera tocada con sus manos el tiempo no corrí­a. Lo hizo y los segundos corrieron. Es el momento en que hasta el juez debió consultar el reglamento en su memoria. Ricky sabe hacer triquiñuelas. Como los genios.

Derrota al reglamento cuando le es necesario. Porque es lo que es. Como dirí­a Dostoievsky, «es un conjunto de leyes que sólo los seres superiores pueden romper». Y ganó segundos valiosos que le permitieron vencer. «Lo aprendí­ de un entrenador que tuve. El reloj no corre en esas circunstancias. Lo intenté como medida de emergencia y salió. Eso significa que tuve buenos maestros, sólo eso».

Su generación está plagada de nuevas estrellas que tomarán la posta de Gasol, Navarro y compañí­a. Pero todo es mejor de lo que se podí­a soñar. Por ejemplo, Jorge Santana, coetáneo de Ricky, consiguió entrenar con Michael Jordan en uno de los talleres que da a los mejores del mundo en su categorí­a. «Desde pequeños hemos ganado todo. Hemos vencido a paí­ses como Rusia…».

Jordan le dio la mano a Ricky Rubio cuando tení­a 15 años. El gran í­dolo quedó impresionado con el base del Joventut. No fue la única experiencia del chiquillo con uno de los iconos máximos de este deporte. En 2006, Larry Bird, el viejo king de los Boston Celtics, le vio jugar. Incrédulo, pensaba que era imposible que ese muchacho pudiera tener 15 años. «Es inverosí­mil su manejo del tiempo», le comentó a alguno de sus interlocutores.

«El tiempo es un vidrio», refiere una vieja canción. El manejo de los minutos es una de las claves de su éxito. «Es una cuestión de creer. De pensar que se debe luchar hasta el minuto final. Y creer en lo imposible. En pequeñas posibilidades…». Una canasta en el último minuto de una final. Y tener la valentí­a de tirar. Acertar.

Todo comenzó cuando tení­a 5 años y sus padres, Esteve Rubio y Tona Vives, lo llevaron a jugar al baloncesto al club de su pueblo, El Masnou (Barcelona). Hasta los 10 años practicó también fútbol. Ambos querí­an que disfrutase. Que fuera feliz con lo que eligiese.

Los entrenadores le vieron como un jugador de fútbol excepcional. «Decí­an que era el mejor. Un crack», cuenta Esteve. Pero, un dí­a, llegó Ricky y me habló de hombre a hombre». Se aburrí­a. El fútbol, con todo lo que parece ofrecer, le cansó. Lo dejó sin ningún trauma. Ya no le gustaba y punto. «Desde ese dí­a no dejó de dar su vida al baloncesto», dice su padre.

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Esteve tiene que pedir permiso en el trabajo para seguir a sus hijos. La sapiencia de Ricky está en los genes. Su hermano mayor, Marc Rubio, debutó con 16 años. «Eso me enseñó que todo esto puede ser efí­mero. Marc llegó al primer equipo porque habí­a un jugador lesionado. Pensé que con Ricky serí­a igual. Pero no. Cuando le convocaron, no habí­a ningún titular con problemas fí­sicos y le llamaron. Le hicieron jugar. Robó balones como alguien 10 años mayor. Sentí­ orgullo».

Su debut es antológico. Con 14 años, fue el más joven profesional en la historia de la ACB: el 20 de octubre de 2005 jugó cinco minutos y cinco segundos. Lo hizo contra el C.B. Granada. Anotó dos puntos, logró una asistencia y robó dos balones. El Joventut venció por 82 a 72 puntos. «Soy amigo del entonces director del equipo rival. Me llamó y me dijo: ‘Es mejor que todos los demás. Es fantástico…’», relata Esteve.

Aí­to Garcí­a Reneses, un entrenador emblemático en la liga española, no escatima elogios. «Está atento y es capaz de poner en práctica lo que ha aprendido antes de los partidos», explica. El gran Aí­to le ha puesto un reto. Que consiga que el público y la prensa se olviden de su edad. «Que nadie más diga que lo hace bien para tener 16 años. Que simplemente digan que lo hace bien…».

¿Qué piensa cuando le dicen que es el mejor jugador del mundo con menos de 18 años? «No me lo creo. Los periodistas exageran. Tengo mucho que aprender. Lo leo. Me alegra, pero pienso que tengo muchí­simo que mejorar», dice Ricky poco después de una breve sesión de masajes. «Para mí­ es el mejor, es mi hijo. Le miro y sólo veo al chiquillo que llevaba de pequeño a entrenar», insiste Esteve.

ricky rubio, nbaLas flexiones a las que le obliga el fisioterapeuta son duras. Pero nada como lo que tiene que padecer a diario. La joven estrella tiene que vivir a un ritmo espeluznante. Se despierta a las 7:30. Coge el tren. Llega a la plaza Cataluña y va al instituto. Termina a las 14:00. Toma rumbo a casa. Debe comer muy rápido porque tiene que ir a entrenar. Regresa a las 21:00, aproximadamente. Hace los deberes y se acuesta. Así­ sucesivamente.

Cuando tiene que jugar la liga europea, entre tantos viajes y vuelos, no puede ir a clase. A lo mejor logra ir una vez por semana, el lunes. Los demás dí­as tiene que estar con el equipo. El martes toma un avión y juega los dí­as siguientes. El jueves retorna a Barcelona. El viernes vuelve a la concentración para jugar la ACB. í‰sos son sus dí­as. Tentado permanentemente a abandonar la escuela. No lo va a hacer. Sus padres jamás lo permitirí­an. «Sabemos que es durí­simo para él. Pero Ricky lo logrará. Es él quien ha superado retos imposibles. En los estudios también. A pesar de ese ritmo, de ir una vez por semana a clases, ha podido aprobar todos los cursos. Todos», describe pletórico su padre. Tona, su madre, y Esteve no lo obligarán a nada. «Estará en el baloncesto hasta cuando quiera».

Vamos con Ricky en un Golf oscuro. Nos acompañan un par de miembros del equipo técnico y de prensa de la Federación. Mira Madrid, regodeándose con la vista. Serio. Se concentra en la carretera. Acaba de regresar de California. Estuvo de vacaciones. Bronceándose en una de las mecas del baloncesto. Fue a distintos training centers, a entrenarse con profesionales. Cuando estuvo allí­ se acercaron jugadores de los Clippers y de los Lakers y sabí­an quién era. Se paseó por una de las mejores universidades para practicar deporte, UCLA (Universidad de California, Los Angeles). En esa ciudad habrí­an analizado si ésa era una buena ví­a para ingresar en la NBA (no lo confirman). «Me encantó el ambiente, las playas, los campos de entrenamiento…», dice Ricky mientras se escuda en la «Ñ» de su camiseta. La mira y se entretiene dibujándola con los dedos.

Su partida a la liga de los Estados Unidos es segura según la mayorí­a de los especialistas. El portal NBA.net lo ubica en el draft de 2009. Las apuestas indican que estará entre el segundo y el quinto lugar. El mejor puesto para un base en los últimos tiempos (porque se prefiere la potencia de pivot o la rotundidad de un alero). Su cláusula de rescisión con el Joventut no significará mayor inconveniente, aunque sea de varios millones de euros. «Existe un inciso en su contrato que le otorga facilidades para irse. Por eso Ricky aún tiene un contrato de juvenil. No nos importa el dinero, sólo velamos por su futuro y que pueda ser lo mejor posible», aclara su padre.

Esas condiciones económicas son la consecuencia de las ofertas de otros clubes de España y de Europa (en la NBA no podrá jugar hasta 2009, cuando tenga más de 18 años). «Las cifras superaban casi diez veces su salario actual, pero su madre y yo preferimos que tuviera la seguridad de estar cerca de casa. De mantener una rutina cercana a la de un chico de su edad». Un avance de lo que se viene es su contrato con Nike (firmado hace dos años).

En el Hotel Colón, muy cerca del cruce entre O’Donnel y Doctor Esquerdo, Ricky entra rápido en su habitación. Apenas se despide. Regresa cambiado a los 15 minutos. Exactamente en el tiempo en que prometió volver. El uniforme suelto y libérrimo de baloncesto ha pasado a ser ropa de adolescente. Más ceñida. Las muchachas que lo ven pasar por el lobby suspiran. Se deja guiar para su primera sesión de fotos. Es paciente. Uno de los botones del hotel le reconoce. Dice que es «el mejor que ha visto en su vida, que conoce a varios jugadores y no hay nadie como él». Recuerda la inolvidable canasta frente a Rusia…

¿Cuál es tu sueño Ricky?
Nunca dejar de disfrutar de este juego.

Sus amigos bajan rápido a su encuentro. La entrevista ha terminado. Se rí­e con ellos. Como un niño que ha olvidado su sino.

Martí­n Mucha
El Mundo