ricky rubio

Cuando Aí­to Garcí­a Reneses dio su lista de convocados para los Juegos Olí­mpicos, quien más y quien menos se preguntaba cómo iba a encajar un chaval de 17 años en un grupo tan consolidado y con tanto talento como el de los chicos de oro. Ricky Rubio, el niño prodigio del baloncesto español, ha tardado tres semanas y siete partidos en demostrar a todos que su valí­a es incuestionable, hasta el punto de convertirse en uno de los pilares del juego español.

ricky rubio, seleccion españolaEl jovencí­simo jugador de la Penya llegó a la selección con la confianza de Aí­to, su mentor en el conjunto catalán, y se ganó enseguida el cariño de un grupo que le recibió con los brazos abiertos y le bautizó cariñosamente como chiquilí­n. Ese ambiente sin duda ha contribuido para que Ricky haya protagonizado la eclosión más espectacular de un novato en la selección, acrecentada aún más por los dí­gitos que adornan su DNI.

Su impacto en el juego de España ha sido tan súbito como incontestable. La estadí­stica raras veces engaña y reza que Ricky ha sido el cuarto jugador español que ha promediado más valoración (13), siendo sólo superado por Pau (18,5), Reyes (17,1) y Marc (16,7), y habiéndo jugado una media de entre tres y cinco minutos menos por partido que ellos tres.

La valoración, por definición, es el concepto estadí­stico resultante de sumar todas las acciones positivas que un jugador lleva a cabo en la cancha, y restarle las acciones negativas que protagonice en el juego, y a la vista está que Ricky Rubio ha sumado, y mucho, al engranaje de la ÑBA.

Quizá sea en defensa donde ha dejado una huella más patente. No en vano en los siete partidos disputados ha robado 23 balones, exactamente un tercio de los recuperados por todo el equipo (72), un dato elocuente que desvela por sí­ solo una de las principales caracterí­sticas de su juego, si no la más importante, la astucia que preside todos sus movimientos y decisiones en la cancha.

Su privilegiada envergadura de brazos le ha permitido saquear a menudo a sus rivales, propiciando numerosos contraataques que han avivado el juego español en momentos clave.

ricky rubioRicky Rubio, pese a su talento individual, no es un jugador egoí­sta en absoluto. Prueba de ello es que ha sido el máximo asistente del equipo español en los siete partidos de la gira, repartiendo 20 pases de canasta a sus compañeros, cinco más que Rudy, segundo en este apartado, y ocho más que Pau, sorprendente tercero. El joven jugador puede desempeñar con garantí­as la posición de base y de escolta, lo que otorga a España un amplio abanico de posibilidades tácticas.

Además, su escasa corpulencia le convierten en un blanco fácilmente abatible para sus rivales, cualidad que Ricky rentabiliza como nadie. De hecho ha sido el cuarto jugador de España que más faltas ha recibido (19), tras Marc (36), Reyes (32) y Pau (25). Una baza a tener en cuenta ya que no es un mal lanzador de tiros libres (18/23 a lo largo de la gira).

Ricky no es, al menos de momento, un tirador nato. “Tengo que mejorar muchas cosas y una de ellas es el tiro”, se harta de repetir cuando es entrevistado. Sin embargo, sus porcentajes en esta fase de preparación no invitan precisamente al pesimismo (7/11 t2 y 7/14 t3). Ni mucho menos.

Pero para que Ricky haya podido demostrar todas las cualidades que atesora, Aí­to ha tenido que ponerlo en el escaparate, y lo ha hecho sin dudar. El técnico, como pudo verse ante Argentina en Madrid en el único partido con final ajustado de la selección, prefiere tener a Ricky en cancha en los momentos cruciales de los partidos. Por algo será.

José Luis Martí­nez
MARCA