laia rubio

Gracias al reportaje en el diario El Mundo podemos conocer un poco mejor a esa familia que está llena de cracks, desde la abuela… hasta la hermaní­sima. Laia Rubio Vives, que a pesar de su juventud ya destaca y comienza a aparecer en reportajes sensacionales como éste.

“La profesora pide un dibujo que plasme lo que han hecho sus alumnos durante el fin de semana. Una vez más, Laia dibuja en el folio escenas de baloncesto. Laia Rubio Vives (El Masnou, 1996) se pasó sus primeros años de la infancia hinchándose a ver baloncesto con sus hermanos Ricky, una de las grandes estrellas del deporte español, y Marc, formado también en el Joventut, ahora en el Adepal de Alcázar de San Juan, en la Adecco -antes LEB- Plata.

Después de tanto mamar basket (su padre Esteve es entrenador), ahora Laia pide paso y dibuja su propio éxito, un futuro de crack. Al quedar campeona de España con la selección catalana infantil el pasado 10 de enero, sumó su ya segunda medalla de oro, que también consiguió en categorí­a mini. En su club, el Sant Adrií , levantó un campeonato de Cataluña como pre-infantil.

“Aún es muy pronto para definirlo, pero sí­ que es cierto que parece estar desarrollando un estilo parecido al mí­o. Por ejemplo, roba muchos balones”, explica Ricky. “Los dos son intensos, descarados”, acierta a resumir Dani Poza, quien no sólo es entrenador de Laia en el Sant Adrií , sino que también fue técnico de Ricky en sus primeros pasos como jugador en El Masnou.

Allí­ fue también donde empezó Laia. Aunque en un principio lo intentó con el baile, la cosa no acabó de funcionar. “Pensé que ya que tení­a una niña, a ver si hací­a algo diferente. Pero no. Todos los demás se iban para la derecha y ella para la izquierda…”, narra su madre, Tona Vives. Laia lo tuvo claro: “A mí­ me gusta el baloncesto“. “Es que en el baile casi no hay acción”, recuerda ahora la propia niña, que sonrí­e y bromea constantemente con sus compañeras de equipo, a pocos minutos de empezar el entrenamiento.

Pese a los elogios y triunfos, tanto su entorno como la propia Laia mantienen los pies en el suelo, conscientes de que en el baloncesto femenino son pocos los casos de jugadoras que vivan del deporte. Ella, de hecho, quiere ser maestra. “Tengo claro que para mí­ será un hobby y que tendré que tener un trabajo. Lo importante es pasarlo bien jugando”, asegura con una madurez impropia de su edad.

Ricky es, de los dos hermanos, el que más se mete con Laia. “Siempre me está chinchando, dice. “Es lo que le corresponde por ser la hermana pequeña, pero cuando toca también recibe sus mimos”, responde el crack con sonrisa picarona. Tampoco le deja ganar en los uno contra uno que juegan en el patio de casa. “Porque es un tramposo”, bromea ella. “¿Dejarme? Eso nunca. Serí­a una humillación que me ganara mi hermana pequeña, no me dejo ni al parchí­s”, sentencia Ricky. En cuanto Laia llega a casa después de su jornada en el instituto de El Masnou, donde cursa segundo de E.S.O., los hermanos irradian complicidad jugueteando en la lucha por el balón de baloncesto que les imanta.

Pero ser el hermano de Ricky también tiene sus inconvenientes. “Al principio me hací­a mucha gracia que fuera famoso. Luego dudas de gente que no sabes si te quiere a ti o te quiere por ser la hermana de Ricky. Algunos me agregan al Messenger o al Facebook y enseguida ya me preguntan por él“.

Más pesada fue la carga del apellido para Marc, el mayor de los tres hermanos. Internacional en todas las categorí­as de la selección española y gran triplista, Marc dejó de ser el jugador más joven en debutar con el Joventut tan sólo un año después de conseguir el récord. Su hermano se lo arrebató y él no volvió a asomar la cabeza por la ACB. “Le ha venido bien desconectar e irse a Ciudad Real para centrarse. En Badalona iba a ser siempre el hermano de Ricky”, reconoce su padre, Esteve. “Me costó, sentí­ celos de él. Pero están superados. Estoy siguiendo la evolución de un jugador normal. Tanto Pau como Navarro pasaron por la EBA. Lo raro es lo de Ricky”. Y Laia, todaví­a una niña, ya es otra perla apenas ha recibido el balón”

Germán Aranda
El Mundo