ricky rubio

Reportaje de Quique Peinado para MARCA.com

ricky rubioUna casa, una familia, unos amigos, un entorno complicado, tres clubes peleándose, dinero, ofertas… Un culebrón que ha acabado una etapa. Pero, ¿por qué Ricky ha decidido quedarse?

Al final, por encima de todo este embrollo, queda la decisión de un chico de querer quedarse en su entorno. Una de las grandes ilusiones de Ricky es su casa, cerca de la de su abuela (con la que come dos veces por semana y a la que se encuentra muy unido), y que ha ‘restaurado’ él mismo. La ha comprado y paga la hipoteca. Vive con sus padres, pero cuando quiere estar lejos de los agobios de la fama se recluye allí­. Por ejemplo, la pasada Nochevieja la adecentó para hacer una fiesta con sus amigos.

Además estudia, está con sus amigos desde los cinco años y trata de vivir una existencia sencilla: ir a los partidos del Espanyol, equipo del que es socio y a los que acude con un entrenador de la cantera verdinegra, es otra de sus aficiones.

ricky rubioAsí­, cuando se planteó la opción del Barí§a con total seriedad, y aunque todos en su entorno le aconsejaban irse al Real Madrid, el chaval decide. “Llevo desde los 14 años como profesional y quiero poder disfrutar de esto. ¿Creéis que merece la pena que me vaya a Madrid?“, le dice el jugador a sus padres. La decisión está tomada: una operación de millones de euros, en la que se implica inusitadamente una de las instituciones deportivas más grandes del mundo, se decide por el deseo de un chaval de llevar una vida en casa. “Igual dentro de dos años os tenemos que decir que nos hemos equivocado“, le dijo la madre del jugador a Antonio Maceiras en su última reunión.

El final de esta parte de la historia es así­ de sencillo. El análisis es claro: Ricky es una máquina de popularidad, enamora con su juego y su forma de ser, y vive rodeado de muchos intereses, a veces demasiados, y también de complicaciones que se ha ido creando él mismo y su familia desde el momento en que firmaron un contrato cuando era un crí­o de 16 años. Pero toda historia es poliédrica. Y tiene muchos lados… y aristas.

Otro de los aspectos que han desviado a Rubio a Barcelona es el hecho de que su hermano Marc Rubio, talentoso escolta del 88, no fichara por el Alta Gestión Fuenlabrada. Era una operación completamente aparte del posible trasvase de Ricky al Madrid, pero en Fuenlabrada barajaron la posibilidad de que el jugador firmase con ellos y fuera cedido al equipo vinculado, el Illescas, de LEB Plata. Al final eso no salió, y retrajo un poco más a Ricky de dejar su ciudad.


Alrededor de Ricky se ha gestado una situación profesional complicada. El jugador tiene un representante español, Germán González, que medió en el contrato que tiene Ricky hoy. Este agente terminó rompiendo con el representante americano, Dan Fegan (a cuya casa de los íngeles Ricky ha viajado en veranos pasados), de manera que el jugador tení­a dos ‘cabezas’ llevando su carrera. La realidad es que, a dí­a de hoy, Germán González está apartado de las negociaciones de Rubio con ningún club, como ha publicado la prensa catalana.

Además, un abogado de confianza de la familia, Toni Gimferrer, ha estado trabajando con el jugador, al que hay que unir a Leopoldo Hinjos, abogado laboralista que puso (y retiró) la famosa demanda (o no-demanda) contra el DKV Joventut. Añadamos una representante de su imagen (Laura Alsina) y una empresa familiar, Blonde Lives (traducción ‘libre’ de sus apellidos, Rubio Vives), que ayuda a gestionar su madre, Tona, y tenemos un entorno muy grande.

ricky rubioRicky Rubio es un objetivo de Florentino Pérez. El presidente blanco ha creí­do, aconsejado por su entorno, que Ricky era el único “crack mediático” que el Real Madrid tení­a posibilidad de fichar. Y eso que tanteó a otros, uno de ellos en la NBA en estos momentos. Desde las altas instancias del club blanco definen el trabajo de Antonio Maceiras, ‘general manager’ de la sección, en el intento de fichar a Rubio como “impecable con el jugador, su familia y el DKV Joventut”. Del lado de Ricky también se considera así­. La oferta es magní­fica en lo económico y en el confort de todos los que le rodean en una nueva ciudad. El DKV Joventut también lo tiene claro: el Madrid es el que más ofrece y con mejores garantí­as. Pero el que ha tomado la decisión ha sido Ricky.

La oferta, de cinco temporadas con una salida cómoda tras dos primeras, es muy buena. El Real Madrid ha hecho un gran trabajo en este intento. Pero la decisión del jugador ha estado condicionada por parámetros inabarcables para cualquier club. Como dice alguien muy cercano al jugador: “¿Que qué no tiene el Madrid? Pues no tiene El Masnou”. Y eso, por muy bueno que sea Florentino, no se puede traer a Madrid.

Jordi Villacampa tiene en su mano un contrato que dura hasta 2011 y que dice que si el base se quiere ir, tiene que pagar 5,7 millones de euros. También tiene avalada parte de su deuda con Hacienda (exactamente, 2.028.000 euros, como le comunicó Hacienda a la familia mediante un término bastante farragoso: ‘Embargo preventivo de la expectartiva de derecho de crédito’) con esa cláusula. El presidente no aceptó la oferta del padre del jugador, Esteve, para que el base fuera libre antes del ‘Draft’ y poderse ir así­ a la NBA: cuatro millones de dólares (cerca de tres millones de euros, que se dividí­an en el pago del 50% del salario del jugador en las dos primeras temporadas en la NBA y un millón de dólares en cada una de las dos siguientes), los derechos del jugador cuando regresase a Europa y la cesión de su imagen por una temporada a DKV Seguros. Ahora, con la situación enquistada y el jugador enrocado en el “o el Barí§a o la Penya” (posibilidad esta segunda que es imposible, como ha dejado claro el propio Villacampa en su comunicado), quizá nunca reciba una oferta posible mejor.

El asunto de la demanda ha sido un tira y afloja entre las dos partes. Por parte de Ricky se tensaba la cuerda, y el Joventut tiró un poco más de su lado: dijo, públicamente y en privado (Sito Alonso se lo comunicó a Rubio), que el base no jugarí­a nunca más y serí­a apartado si no la retiraba. También, que no negociarí­a con nadie, algo que no es verdad: Villacampa mantení­a contactos más o menos informales, y que inició él, con el Real Madrid con la demanda sin retirarse.

La situación a dí­a de hoy es que el DKV tiene que vender a Ricky, y el chico, de ser así­, sólo se quiere ir al Regal Barcelona. Eso es lo que hay. Ahora queda ver hasta dónde son capaces de aguantar uno y otro, aunque la guerra está declarada oficialmente.

Se pueden sacar muchas concluciones de todo esto, pero, por encima de todas, una: Ricky, aunque sea un jugador de baloncesto hecho del material de los sueños y un producto comercial envidable, es, por encima de todo, un chaval de 18 años que lleva demasiado tiempo viviendo como un adulto. Y, aunque quizá tarde y metiéndose en demasiados charcos, ha levantado la mano y ha pedido bajarse un poco del tren.