ricky rubio“No te preocupes, el año que viene ficho por la Penya y ganamos ese trofeo”. Son palabras de un zagal de 13 años a Xavier Pedrós, directivo del Joventut de Badalona, cuyo equipo infantil acababa de perder una final del campeonato de España. No tardó Ricky Rubio (El Masnou, 1990) en cumplir toda una promesa digna de crack. Hoy, cuatro años después, muchos le sitúan como el número uno para el Draft NBA de 2009.

La anécdota recuerda a la de Pelé consolando a su padre por la derrota de Brasil, en casa, en la final del Mundial de 1950 ante Uruguay. “No llores papá, algún dí­a yo haré ganar a Brasil la Copa del Mundo”, le anunció el legendario futbolista. Así­ son los ases. De otra pasta.

Las circunstancias, no obstante, eran muy diferentes. Corrí­a junio de 2003. Joventut y Barí§a disputaban la final del Campeonato de España Infantil. Marc Rubio, hermano de Ricky, habí­a completado un excelente partido, pero erró el tiro libre que hubiera dado a los verdinegros la victoria. La Penya perdió en la prórroga y, según explica Esteve Rubio, padre de ambos, “la actitud de los jugadores y del entrenador del Barcelona fue de cierta burla hacia Marc”.

Hay actitudes que cuestan muy caras. Porque vengar a su hermano fue el detonante definitivo para que Ricky se decidiera a seguir su meteórica trayectoria en Badalona, apartando definitivamente la opción del Barí§a. Y al año siguiente, Ricky lideró el triunfo que habí­a augurado. A Marc –ahora en el CB Prat de la Liga LEB plata (filial del DKV)–, no le fue fácil en un principio asumir que el menor le tomara la delantera en su carrera. No tiene que ser muy agradable que tu hermano pequeño te quite el récord de precocidad en la Penya (Marc lo habí­a batido poco antes de cumplir 16 años).

Y no sólo eso, porque Ricky destrozó incluso el de la ACB al debutar en Granada, a cinco dí­as de cumplir los 15 (la marca anterior la tení­a íngel Rebolo, que se bautizó con el Breogán ante el Pamesa un 29 de septiembre de 1990, cuando tení­a 15 años, tres meses y siete dí­as). “Le costó digerirlo, pero ahora lo lleva muy bien”, asegura Esteve sobre su hijo Marc, que tiene la habitación empapelada con posters de su hermano, con el que compartí­a habitación hasta este año.

Ricky explotó esa temporada, con sólo 17 años, como pieza fundamental en un Joventut lanzado y como tercer jugador más valioso de la Liga, sólo por detrás de Marc Gasol y su compañero Rudy Fernández. Compaginar ese rol en la alta competición con sus estudios es una de las pruebas cuya superación constata una madurez insólita para un chico de su edad. Estudia segundo de bachillerato cientí­fico. “El año pasado, aunque ya jugaba con el primer equipo y viajaba en los partidos de Euroliga, aprobó todas las asignaturas. No nos lo esperábamos”, reconoce su progenitor.

Su buena marcha en el instituto sorprende más aún si se tiene en cuenta su rutina diaria desde que estudia en un centro de Barcelona –Masnou está a unos 20 kilómetros– en el que dan facilidades a deportistas. “Se levanta a las 6.00 para coger el tren a las 7.00, llega a casa a la una y media después de acabar las clases. Sólo al mediodí­a puede descansar algo, porque a las cinco de la tarde tiene que estar ya en el pabellón entrenando. Cuando regresa a casa son alrededor de las nueve. Después de cenar y hasta la madrugada, aprovecha para estudiar”, narra Esteve. Eso, sin mencionar los múltiples desplazamientos a los que obliga la ACB y la Copa ULEB.

El entorno deportivo más cercano a Ricky, entrenadores del club y de la selección, coincide en destacar la labor de su familia –y también de Aí­to– como clave de su inaudita madurez. Su padre, de hecho, narra con normalidad todo lo que rodea al fenómeno: “A los 10 años, alternaba fútbol y baloncesto. Era bueno en ambos deportes y se decantó por el fútbol. Pero a los dos meses ya se habí­a aburrido, en parte porque lo poní­an con los mayores, y retomó el deporte de la canasta”. Es verdinegro y blanquiazul, porque “en fútbol, siempre ha sido del Espanyol”.

Esteve, su mujer Tona y el propio Ricky destacan por la calma con que están afrontando la eclosión del último fenómeno del baloncesto español. “La NBA no le obsesiona. Además, tiene contrato hasta 2011 y no habrá problema para cumplirlo”, aclara su progenitor. Mientras, desde el Joventut se mima y protege al jugador como a oro en paño para que no se vea superado por la presión. El club prohí­be a los medios hacer entrevistas o reportajes gráficos con jugadores menores de 18 años como Ricky. Su representante, Germán González, ni siquiera respondió a las llamadas de este diario.

Jaén marca un antes y un después en la carrera de Ricky Rubio. Agosto de 2006. La selección cadete se jugaba la final del Europeo de la categorí­a ante Rusia. Un triple rival a pocos segundos del final parecí­a sentenciar. Inmediatamente, Ricky recibió el saque de fondo para contrarrestar ese mismo lanzamiento desde el medio campo –con medio rectificado para eludir los dos defensores que le punteaban el tiro–, lo que permitió jugar la prórroga. Al final, España se hizo con el oro y Ricky firmó una memorable actuación con números geniales.

Su entonces seleccionador, Jota Cuspinera, recuerda que “nadie habí­a visto nunca nada igual”. “Es un lí­der a todos los niveles. No sólo de juego, también de grupo. Por ejemplo, jamás le he visto dar una bronca dura a un compañero. Siempre le coge del hombro y le habla en privado y cariñosamente”, asegura.

Otro episodio imborrable tuvo lugar el pasado verano, en el Europeo Júnior de Madrid. Los jugadores españoles mostraron una pancarta que rezaba en inglés “Amamos el baloncesto, juego limpio” para protestar por el posible amaño del último partido de la primera fase entre Serbia y Lituania. El resultado entre ambos impedí­a a los españoles pasar de ronda, pese a haber perdido un solo partido.

A la Federación Española de Baloncesto no le gustó que los jugadores enseñaran la proclama a los comisarios FIBA y ‘off the record’ criticaron al técnico. Entonces, Ricky se puso en contacto con la Federación para eximir al entrenador de responsabilidad. Todo, según él, habí­a sido idea suya. “Va a ser un referente del deporte español, como Gasol, Nadal o Alonso“, asegura Luis Guil, el entonces señalado.

Ganarse un lugar en los Juegos Olí­mpicos de Pekí­n parece pan comido para él. “Su gran activo es acomodarse a cada circunstancia, a cada interlocutor, a cada grupo de compañeros”, destaca íngel Palmi, director deportivo de la FEB. “Tiene una capacidad como atleta para ver las cosas antes que la mayorí­a. Lo tiene todo para triunfar”, añade. Ciertas promesas se acaban cumpliendo.

Germán Aranda
El Mundo