ricky rubio

Entrevista a Ricky Rubio en MARCA

¿Recuerda el día en el que le preguntaron en el colegio qué le gustaría ser de mayor?
Sí. Tenía 8 años y dije que quería ser negro.

La profesora alucinó.
Es que veía que Michael Jordan era el mejor, y me decía ‘si él es negro, yo tengo que ser negro para ser el mejor’. Después me explicaron que los blancos también eran buenos.

Doce años después entra en el ‘Universo Jordan’ por la puerta de los Timberwolves.
Lo que de niño era un sueño, del que no tenía la más remota idea de si algún día podría cumplir, se hace realidad. Pero es el sueño de casi todos. Seguro que si en este campus pregunto a cualquiera que de poder dedicarse al basket, dónde le gustaría jugar, la mayoría, por no decir todos, dirían que en la NBA.


En la cuartilla donde se escriben los pros y los contras, ¿qué ha puesto?
Que me voy de casa. Eso no sé si es positivo o negativo. Desde que nací siempre he vivido en la misma casa, ¡y me tocaba ya! Y algo que sí pongo en la lista de negativos es que me voy a un equipo que no está acostumbrado a ganar y yo sí lo estoy, tanto en el Joventut como en el Barça o en la selección. Hasta que no lo viva no sé cómo lo procesaré. Aunque tengo esperanza de que allí hagamos un buen proyecto.

Éste es un viaje aplazado, ¿cuándo se dijo ya a sí mismo?
El proceso ha durado toda esta temporada. Cuando fiché por el Barcelona sí tenía pensado que estaría en el club dos años. El problema es que me he sentido tan bien allí, que tomar la decisión definitiva ha sido muy difícil. Esto ha sido un ahora sí, ahora no, sí, no, sí, no… ¡pero sí! El momento decisivo se produce cuando ganamos la ACB. Aunque en mi casa ya lo intuían, hablé con ellos. Para mí era importante saber su opinión. Ellos sí me podían influir, aunque la última decisión la tomé yo.

¿Hubo alguna enmienda a la totalidad?
No. Me dijeron que los sueños, si se puede, se tienen que cumplir. Cualquier madre lo que quiere es ver a su hijo feliz.

Hay alguien fundamental con la que almuerza todos los días. Su fan número 1. Anna, su abuela.
Lloró un poco al principio porque me decía que no me iba a ver tanto, pero le dije que la llamaría aunque fueran las cuatro de la madrugada. De repente reaccionó y me dijo: “Me voy a comprar el Canal Plus donde salen los partidos de la NBA. Me tienes que hacer un esquema de los botones para saber dónde sales”. Le he escrito los días en los que jugaré, los horarios y los números de los canales. Lo tiene todo bien anotado. Y no ha pintado con el taker los botones del mando porque son pequeños [se ríe].

¿Le seguirá poniendo velas?
Sí, eso sí, pero como a alguien se le ocurra pasear al perro a esas horas y mire a la ventana de la casa de mi abuela igual la toman por una loca o una espiritista [se carcajea].

¿Qué no se dejará aquí?
No lo he pensado. Como te digo, siempre he vivido en la misma casa. Con mi equipo o con la selección viajaba, pero sabía que iba a volver. Ahora que son seis meses sí me tengo que llevar algo que me la recuerde… [se para a pensar]. Desde que nací tengo un peluche que me regalaron las jugadoras que entrenaba mi padre. Es Mudito, uno de los enanitos de Blancanieves, y siempre ha estado encima de mi cama. Ese peluche me lo llevaré.

¿En qué no ha sido precoz?
Nunca he pensado en la edad que tengo. Debuté en la ACB antes de cumplir los 15 años y si ahora veo un jugador de esa edad me pregunto: ‘¿Pero dónde vas a esa edad, no ves que te queda mucho que aprender?’ Ahora me siento más en la edad. Estoy entrando en una fase normal. Antes jugaba con gente mucho más veterana. El otro día en Minnesota entrené con algunos de mis nuevos compañeros que tenían 22 ó 23 años y pensé: ‘¡Son gente de mi quinta!’.

¿Y algo más corpulentos?
Sólo un poquito. Me temo que voy a tener que hacer pesas.

Aquello también es baloncesto, pero otro dialecto.
¡Buf! Y básicamente por eso me lanzo a esta aventura, porque me queda mucho que aprender. Es el viaje de mi vida.

¿Cuántas posibles jugadas almacena en su cabeza?
Muchas. Este año he podido manejar unas 120 jugadas. Pero van cambiando, tienes que olvidar unas y sustituirlas por otras. En estos dos años con Xavi Pascual, que es muy sistemático, he aprendido muchas jugadas. Además la función de base no consiste en saber sólo cuál es tu posición, hay que saber también dónde se mueve todo y corregir si alguno se equivoca. Eso supone que tienes que saber las 120 jugadas en las cinco posiciones.

¿Cuál es su talento?
Me gusta mucho pasar. Puede que capte algunas cosas que son muy difíciles de ver, pases que cuesta atreverse a dar, pero si tienes confianza y sale bien eso es…

Ya dijo Magic Johnson que…
[Me interrumpe]… que un tiro, encestar, es placer para uno, una asistencia, lo es para dos.

¿Qué tipo de defensa aplicará alguien introvertido como usted en el descaro del ‘show business’?
Sí, soy introvertido, y esta semana que he estado allí ha sido chocante porque como hacía dos años que me esperaban tuve que hacer muchas apariciones en pocos días. Más que nada el idioma, tengo buen inglés, pero no lo domino para expresarme siempre como quiero. A veces me bloqueo y me digo: ‘¿Cómo se dice esto?, no la cagues que aún se reirán y no preguntes porque quedarás mal’ [se ríe]. Ojalá hablara el inglés de Pau Gasol. Mi madre, que se vendrá conmigo, dice que se pondrá a estudiar inglés en serio, todos tenemos mucho que aprender.

¿Le gustó Minneapolis?
Aún no la conozco en las condiciones meteorológicas que me tocará vivir. Hace tanto frío allí que hay corredores subterráneos entre bloque y bloque que te permiten trasladarte sin pisar la calle. Pero ahora, con buen tiempo, me gustó mucho. Me pareció un pueblo muy grande. No es como Los Ángeles o Nueva York, no hay tránsito ni gente por la calle. Es como un pueblo con edificios grandes y mucho verde.

¿Y qué les cuenta a sus compañeros para explicar cómo es su localidad natal, El Masnou?
Me decían: “¿Tú de dónde vienes?”. Yo les hablé de Barcelona. Les dije que tenía buena temperatura, que vivo a dos minutos de la playa y que si quieren fiesta, también la hay. Como ellos están de vacaciones me preguntaron si se podían venir conmigo. Yo les propuse que si había lockout se vinieran a Barcelona y que entrenáramos todos allá.

No lo descarte. ¿Tiene un plan?
Esta semana lo hablábamos con Rudy. Si hay ‘lockout’ parece que Marc y Pau se quieren quedar en Barcelona y si ellos se quedan pues ya nos quedamos aquí todos los NBA españoles y nos entrenamos juntos. También tenía pensado ir a Los Ángeles, porque mi agente puede conseguir canchas. No lo tengo decidido porque tengo la idea de que finalmente no habrá lockout.

Antes, el Europeo. ¿A qué le huele?
A un pase para los Juegos, espero. Tiendo a pensar que si España tiene que luchar por las medallas, que sea la de oro, que no nos conformemos con la plata porque nos clasifique para los Juegos. Espero que sea un oro, pero paso a paso.

Mañana hará un año que una selección hermana, la de fútbol, se llevó el oro del Mundial. ¿Qué recuerda?
Las semis las vimos en el campus, montamos una pantalla gigante. La final nos pilló el día de vuelta a casa y allí nos reunimos con mis amigos, los monitores. Estaba destrozado, acumulaba tanto cansancio que me moría de sueño. Me quedé dormido en la primera parte, pero me despertaron y claro me decía: ‘No puedo, no puedo perdérmelo’. Disfruté viendo tanto talento.

Si su carrera fuera un partido, ¿en qué cuarto estamos?
¡Uf ! Con lo que me queda, decir que estoy en el tercer cuarto sería porque es un partido con muchas prórrogas. Primero estuvo el Joventut, donde aprendí mucho, me inculcaron unos valores y me dieron una oportunidad. Estoy muy agradecido. Luego el Barça, una etapa maravillosa. Han sido dos años, pero me llevo tantos amigos, de los de verdad. Por eso me duele tanto irme, con el Barça he tenido un buen final, en la Penya, por lo que pasó, no acabé tan bien.

¿Ése ha sido su peor trago?
Irte de tu club de toda la vida a casa del rival, mucha gente no lo entiende. Confieso que a mí me pasó cuando estaba en la cantera y vi que Mumbrú se iba. Estas cosas sólo las entiendes cuando te conviertes en profesional. Descubres también la parte mala del deporte. Aparece gente que te habla, no como un amigo, sino buscando el beneficio del negocio, te pueden llegar a tratar como un mercenario. Piensas, esto no es tan bonito como creía siendo un niño.

¿Y ahora qué le inquieta?
No encajar. Me voy a una liga que sólo he visto por televisión pensando, qué buenos son. Y ahora yo estaré allí.

Entra de lleno en el cuento de Blancanieves.
Aquí un enanito [se ríe].